TOMÁ NOTA

Catania: una historia de sabor que sigue creciendo en Rosario

Bibiana, titular de Heladería Catania, estuvo en Comunidad FAN y contó cómo se sostiene una tradición que atraviesa generaciones, con la calidad y la elaboración artesanal como grandes protagonistas.

TOMÁ NOTA

Catania: una historia de sabor que sigue creciendo en Rosario

Hay sabores que van mucho más allá de un simple helado. En Rosario, Heladería Catania construyó durante décadas una identidad propia a partir de una premisa que se mantiene intacta: priorizar la calidad por encima de todo.

Bibiana, titular de Catania, estuvo en Comunidad FAN y repasó la historia de una heladería que logró convertirse en parte de la vida cotidiana del barrio y que, con el paso del tiempo, también fue conquistando a nuevas generaciones.

“Catania es de los clientes, de sus historias, Catania es cultura”, expresó Bibiana durante la charla, al destacar el vínculo construido con quienes acompañan a la marca desde hace años. Una relación que se transmite de padres a hijos y que hoy también alcanza a los nietos de aquellos primeros clientes.

Para la titular de Catania, el secreto detrás de esa historia está en no resignar la calidad y en cuidar cada etapa de elaboración. La heladería trabaja con productos de la región y mantiene un proceso artesanal que comienza desde la selección y preparación de las materias primas. La frutilla, por ejemplo, llega desde Coronda y requiere un tratamiento previo para conseguir la textura adecuada y evitar que se convierta en hielo dentro del helado.

Sostener esa manera de trabajar también implica afrontar los aumentos de costos sin trasladar automáticamente cada incremento al producto. “A veces resignás ganancias”, reconoció Bibiana, aunque dejó en claro que para Catania la calidad no se negocia. Incluso algunos productos y proveedores que utilizaba su suegro hace décadas continúan formando parte de la elaboración actual.

Esa misma filosofía explica una de las particularidades de la marca: Catania no tiene sucursales. La fábrica funciona en el mismo lugar donde se vende el helado y allí trabajan cuatro artesanos que participan de las distintas etapas del proceso: selección de la fruta, procesamiento, pasteurización, maduración y fabricación.

La idea es que el producto se haga prácticamente al lado del mostrador. No se trata de una producción en serie, sino de un trabajo artesanal en el que cada gusto tiene su propio proceso y cuidado. Para Bibiana, llevar ese modelo a distintas sucursales implicaría modificar justamente aquello que caracteriza a Catania.

Algo similar ocurrió con el delivery. La heladería tuvo servicio de reparto durante alrededor de diez años, pero decidió dejarlo porque en varias oportunidades el producto no llegaba en las condiciones que ellos buscaban. La experiencia de disfrutar un helado recién servido en el local, explicó Bibiana, es diferente a recibirlo después de un traslado.

De todos modos, la posibilidad de recuperar el delivery no está completamente descartada. Mientras tanto, la apuesta continúa siendo que los clientes se acerquen al local, puedan elegir sus gustos y disfruten de un espacio que también se convirtió en punto de encuentro.

La búsqueda de excelencia tampoco está reñida con la innovación. Bibiana contó que junto a su marido viajaron a una feria internacional en Bolonia, Italia, donde conocieron nuevas máquinas para la elaboración y conservación del helado. Eligieron incorporar un modelo que permite mantener una temperatura uniforme en todo el producto, desde arriba hacia abajo, para mejorar tanto su conservación como su presentación.

Y si algo terminó de convertir a Catania en parte de la vida del barrio fue justamente su vínculo con los vecinos. Los miércoles para jubilados, con la propuesta de dos por uno, nacieron a partir de una situación tan sencilla como cotidiana: un cliente de toda la vida llegó acompañado por su nieto y contó que solamente podía comprar helado para uno de los dos.

Ese momento hizo que Bibiana pensara en una alternativa y así nació una propuesta que terminó convirtiéndose en una tradición. Hoy los miércoles son también una oportunidad para que jubilados, amigos, abuelos, nietos y vecinos se encuentren y compartan un momento.

Después de tantos años, Catania parece haber encontrado su propia receta para mantenerse vigente: un producto cuidado, una identidad que no se negocia y un vínculo con sus clientes que se construye generación tras generación.