Desde Málaga, pero con un vínculo cada vez más fuerte con Latinoamérica, el músico español presentó La Calma, su nuevo disco, y en charla con Comunidad FAN dejó en claro que lo suyo no es una pose, es una búsqueda.
Hay algo en su historia que explica ese lazo tan natural con este lado del mapa. En su casa, la música latinoamericana no era ajena. Su padre escuchaba folclore, milongas y chamamé y por ahí se fue armando un vínculo temprano con artistas como Mercedes Sosa. Sin demasiada vuelta, esa influencia terminó filtrándose en su forma de escribir. “Se me va la pluma para ese lado”, reconoce. Y quizás ahí esté la clave de por qué su música encontró eco tan rápido en Latinoamérica.
Antes que músico, pasó por la filosofía. Y eso, lejos de quedar en un dato de color, aparece en su forma de componer. No hay método rígido ni una idea de sentarse a “fabricar” canciones. Más bien lo contrario: deja que aparezcan. Escuchó de todo: rock, pop, folclore y cuando necesita decir algo, cuando una canción empieza a tomar forma, tira de todos esos recursos sin pensarlo demasiado. No busca la perfección técnica, sino que la canción sea lo más bella posible. Ahí está el motor.
Tampoco su carrera siguió el camino más habitual. No hubo un salto inmediato ni el respaldo de grandes discográficas. Lo suyo fue creciendo de a poco, casi en silencio, de manera artesanal. Canción a canción, show a show. Y en ese recorrido fue armando también su propio círculo: los músicos que lo acompañan no son piezas intercambiables, son amigos. Gente con la que comparte algo más que un escenario.
En La Calma, su séptimo disco, esa lógica se sostiene. Hay rumbas, boleros, guiños a sonidos latinoamericanos y a la tradición española, pero sobre todo hay historias. Canciones que no parecen hechas para durar 15 segundos en redes, sino para quedarse un rato más.
Durante la charla también aparece su vínculo con este lado del mapa. Argentina, en particular, no le es ajena: reconoce que hay algo en el público de acá que lo interpela distinto. Más efusivo, pero también más atento. Rosario, con su propia tradición musical, no queda afuera de ese radar.
De hecho, ya piensa en venir. Sin fechas ni ciudades confirmadas, pero con una idea clara: Visitar a principios del año que viene y sumar paradas como Rosario y Córdoba, entre otras. Sin apuro, fiel a su lógica, pero con la intención marcada.
Mientras tanto, La Calma ya circula. Y en tiempos donde todo empuja a ir más rápido, su propuesta hace algo distinto: frena. Y en ese freno, dice bastante más de lo que parece.
